He decidido poner fin a mi vida, amor. Y creeme si te digo que esto no compete al ámbito de una sinisestra conjetura. Vuelve a temblarme el pulso ahora que debo ser más fuerte qué nunca. Me llevo el puño a la frente y digo: un esfuerzo más, solo uno más. He aqui lo que puedo darte. Esta larga y sincera carta es lo que dejo. Tuya es de modo que harás con ella lo que te plazca. SI juzgas que es conveniente destruirla hazlo sin el menor escrúpulo. Si lo que en mi vida fue bueno para ti también lo fue para mí, ¿por qué no habría de serlo ahora que estaremos unidas en una vida anímica superior?. Solo te ruego que en caso de que así sea, de que creas mejor hacer que desaparezcan estos papeles, espero conserves frescos en la memoria aquellos parrafos que más te hayan conmovido.
Así me encuentro tan triste y desolada como esa ola que se le arrancó a la pala justo antes de estallar. Pero cuánto te deseo no lo sabes ni tú, ni la ola de color plata y púrpura, ni el mar. Dejo la vida llena de una melancolía que le es grata al alma, aunque ésta permanezca salpicada de carencias y la razón se altere por exigir siempre una concordancia entre realida y anhelo.
No sufras por mí pequeña se que me encamino hacia una luz más pura e inmensa. Veo ya que a mi paso se parten en pedazos las nubes y entro en el edén del olvido. SOlo te ruego que ni por un momento dudes de mi pasión y mi añoranza. Con eso me conformo. Si por ventura alguna vez piensas que esa pasión y esa añoranza pudieron ir contra la misma naturaleza, entonces es que nací en un siglo y en un mundo qué no eran los mios, y además ten el convencimiento de que el brillo de ésta borró cualquier resquicio de bajeza que pudiese haber en la otra. Ah! si pudiese verte una vez más junto a mí! Te gritaria que me voy feliz, roto el ánimo pero orgullosa y con la cabeza alta. Te lo diria a voces.... Devuelveme aquellos besos en las mejillas! Devuelveme tus miradas de fuego! Devuelveme tus palabras como semillas sonoras que me aliviaban en mi esencial e ilógica nostalgia!.
Todo acaba ya me duele la espalda de permanecer tanto rato en la misma postura. Noto que el miedo me agarrota por momentos. Suya soy. A él me entrego. Siento una terrible humedad en lo shuesos en las encias , entre las uñas. Mas debo calmarme he de luchar por hacerlo. Cielo eterno, auxiliame en esta hora dificil! Solo noto qué las rodillas me flaquean, y las manos, y los parpados. Me castañean los dientes y se qué no es de frío. Siento , veo y huelo el frio de la muerte que se acerca. El silencio me envuelve, me abraza, me ahoga. Ese silencio cortante indica que no existe salvación para mi. No existo ya. Pero no, no debo romperme antes de tiempo. Una y otra vez me digo: Aguanta un poco más, mujer debil, no tiembles, respira hazlo hondo. Asi,hazlo así!
Recuerdame, si. como una Palas Atenea Palida y vencida, pero aun orgullosa pese a su deambular cadaverico por el umbral de la nada. Dentro de poco ya no sere mas que olvido bajo el espectral y dorado yelmo, mueca languida y etristecida que sostiene la lanza antaño terrorifica. preserva al menos la llamarada de mis ojos color cielo en tu memoria de niña hermosa y con talento.
Me voy ya, reina de la hiedra de mis días. Que éste mi ultimo legado te acompañe. Ahora si cae un alagrima sobre el papel, pero cuando leas esto estara ya seca. No me olvides jamas. Oh tu , mi burbuja rota y mi embriaguez furtiva! Piensa en mi con la alegria que te causara saber que durante años le grite tu nombre a las estrellas.
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